Mostrando las entradas con la etiqueta Rosa. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Rosa. Mostrar todas las entradas

lunes, 2 de noviembre de 2020

El encierro - Rosa

 Atrapadas

Carolina y yo, treintañeras, solteras, amigas y profesoras en el mismo colegio, parecíamos adolescentes en ese viaje.  Habíamos elegido La Falda, en Córdoba. Llegamos a un hotel muy lindo y pasamos la tarde en la pileta, cenamos y armamos nuestro itinerario. Un micro nos llevaría al día siguiente a Los Cocos y a su impresionante laberinto. Teníamos que madrugar, así que apagamos la luz y a dormir.

Cuando llegamos a Los Cocos nos unimos en el recorrido a un grupo de estudiantes por temor a perdernos. ¡Cuántas vueltas, marchas y contra marchas y cuántas risas! Nos chocábamos con la gente, más risas. Perdimos al grupo de jóvenes y, de repente, notamos que había cada vez menos personas y cada vez era más de noche. No encontrábamos la salida.

Busqué el boleto de entrada, cerraban a las dieciocho. Se oían altavoces pidiendo a la gente que se retirara. El señor que guiaba a los rezagados desde una especie de balcón no estaba. De pronto, tomamos conciencia de que estábamos solas. Sólo nos iluminaban la luna llena y las linternas de nuestros celulares. Nos tomamos fuertemente de las manos y avanzamos.

–¿Por qué no seré Teseo y tendré la ayuda de Ariadna? –le dije a Carolina, pero no me contestó. Tampoco estaba conmigo. Dejé de ver la luz de su celular.

Comencé a gritar pidiendo auxilio pero la única respuesta era el sonido del crujir de las ramas que pisaba. Caminaba y cuando parecía que encontraba una salida me chocaba con un cerco de plantas altas y pinchudas. Mi corazón latía fuertemente y parecía que escuchaba su sonido.

–¡¡Carolina, Carolina!!

Nada, oscuridad, crujir de ramas y pasos que se acercaban.

–¡¡Carolina, Carolina!!

De pronto, unas manos me apretaron la garganta. Ya no podía respirar. “Es el fin”, pensé...

–¡Virginia, Virginia! ¿Qué te pasa? ¿Por qué me llamás a los gritos? Te vas a ahorcar con la sábana, la tenés enrollada en el cuello. Tuviste una pesadilla.

Cuando me trajo el vaso de agua y antes de contarle mi sueño le dije:

–Mañana iremos a Carlos Paz. ¿Qué te parece?

viernes, 23 de octubre de 2020

El doble - Rosa

El retrato

Siempre el mismo camino para ir al trabajo en San Telmo. Siempre las mismas callecitas, siempre las mismas veredas y tropezando siempre con la misma baldosa del negocio de antigüedades.  Hacía más o Menos tres meses que me sucedían cosas extrañas y tenía como un “déjà vu” de mis acciones o de las otras personas. Decidí detenerme y mirar, porque nunca lo había hecho, el escaparate del local: lámparas, cuadros, vajilla… y en un rincón casi perdido un retrato, con un marco valioso. No era cualquier rostro, era el mío con ropa y peinado de hará cuarenta años y estaba acompañada por un joven morocho, muy buen mozo, que también me pareció reconocer. Tuve una especie de vértigo. Entré al local y pedí la miniatura. Más me asombré cuando el vendedor me dijo: 

—¿Es familiar, verdad?

Dos gotas de agua, hasta la mirada. Le dije que no y pregunté quién era.  La había llevado el señor de la fotografía que la vendió con otras pertenencias, porque se volvía a Málaga, a Torremolinos, a tratar de encontrar a su amor que había perdido por un desliz suyo que ella no perdonó. Él decidió viajar a la Argentina para olvidarla. Lamentablemente no pudo viajar porque había muerto hacía tres meses. Era un vecino solitario, de unos sesenta y pico de años, que sólo hablaba de María Inés. Me estremecí. Yo me llamo María Inés. Él, Fernando Alvarado. 

Adelanté mis vacaciones y con la ayuda de mis padres viajé a España. A Torremolinos, ciudad costera, bellísima. Me parecía haber caminado por esas callecitas angostas, haberme bañado en ese mar.  Me alojé en un hotel pequeño, muy familiar. No sabía el apellido de María Inés.  Era buscar una aguja en un pajar. A la mañana siguiente y luego de recorrer fui al RENAPER, similar a nuestro registro civil, donde tratarían de ubicar a la familia de Fernando Alvarado. Como el trámite tardaría una hora, me senté a tomar un café en una veredita florida. Me pareció haber estado ahí. Mi intuición me decía que tendría éxito en mi búsqueda.  

—Se le cayó el chal, señorita. 

Iba a agradecer pero enmudecí.  Era el joven de la miniatura.  Era Fernando Alvarado, trabajaba en la galería de Arte de María Inés Santillán y era el hijo del desliz del otro Fernando. A esta altura, no me sorprendió tener el mismo apellido. Conversamos alrededor de un cuarto de hora. Llegamos a la galería de arte donde me recibió una hermosa mujer de unos sesenta y cinco años, que me abrazó y me dijo: 

—Te esperaba antes para recomenzar la historia, en ese bar y con el mismo chal donde conocí a  Fernando, para cerrar la herida y seguir la historia de amor.  

Un gran cuadro presidía el salón: era yo o la otra o las dos, con el vestido floreado y el chal que me había puesto para encontrar mi destino. María Inés recobró su pasado y ella había viajado para continuar en el presente, modificándolo para vivir el gran amor que se le había negado.

viernes, 9 de octubre de 2020

Cuento fantástico - Rosa

El televisor hace rayas


Llegué tan cansada que decidí llevarme a la cama una bandeja con un emparedado y un vaso de gaseosa. Automáticamente encendí el televisor.   

No quería ver las noticias y encontré un programa de turismo que mostraba las bellezas del sur argentino. Qué deleite pasear por Bariloche, San Martín de los Andes, Villa Traful… De pronto, una competencia de esquí para adolescentes organizada por un hotel famoso. Impresionante los saltos y piruetas. Repentinamente, una de las cámaras se alejó del lugar siguiendo a una joven que había despistado, la cámara se movía, mi televisor hacía rayas, se oían gritos de pedidos de auxilio pero no tenía imagen. Me levanté para ver si había otro botón para recuperarla, me acerqué tanto que me asustó la vuelta de la imagen y una niña en el lago pidiendo socorro. Nadie acudía, yo estaba desesperada y de pronto el televisor me tragó. Nadie estaba allí para ayudar a la joven, me lancé al agua y la saqué. Cuando sonaron las alarmas de ambulancias yo regresé a mi mullida cama para ver el desenlace. 

Creo que me dormí por unos instantes y soñé todo. ¿Pero por qué estaba con el pelo y el camisón empapados?

Seguían las rayas en la pantalla, al día siguiente llamé al técnico. El televisor no tenía desperfecto alguno.


viernes, 25 de septiembre de 2020

La leyenda salteña del lobisón - Rosa

A raíz de mi trabajo periodístico por varias provincias, me solicitaron que, además de los videos para la televisión, hiciera una reseña sobre qué me había impactado más en mi recorrida. Sin dudarlo, dije que el contacto con la gente de las afueras y las coincidencias que encontré en sus creencias y saberes populares. Lo más significativo: las leyendas. El tema preponderante: El hombre lobo. Me explicaron que las causas por las que un humano se convierte en Lobizón son múltiples.

- Ser el séptimo hijo varón y mirar la luna llena

- Ser el séptimo hijo varón y no ser bautizado.

- Beber en el mismo lugar donde lo hizo un lobo.

- Ser mordido por otro hombre lobo, etc., etc., etc...

En Salta, escuché una leyenda que elegí para contarles y me fue dicha por una anciana que vivía en las afueras de la ciudad de Iruya, cerquita de Jujuy, a donde yo me dirigía. La mujer estaba sentada a la vera del camino en una silla medio rota, vendiendo unas artesanías rudimentarias. Paramos el automóvil para comprar algo y con la intención de incluirla en mis reportajes. Así, me enteré de su desgracia y aquí la cuento. De esto habían pasado alrededor de cuarenta años. 

Tomasa tenía seis hijos varones y estaba embarazada. Rezaba a los santos y a la Pacha Mama para que fuera niña. En ese lugar, creían que el séptimo hijo varón se transformaría en lobo cuando hubiera luna llena y él la mirara, entonces le aconsejaron que si tenía un varón, no saliera de su casa en luna llena y que se apurara a bautizarlo. Tomasa tuvo un varón que llegó a los quince años sin la maldición, eso sí, sin salir y mirar la luna llena.

Una noche de mucho calor y luna llena, estaban los hermanos y padres en el patio de tierra comiendo y charlando. De pronto, se produjo un incendio dentro de la casucha con techo de paja. Venancio, que así se llamaba el muchacho, salió al patio para no ser preso de las llamas. 

El grito de Tomasa llegó tarde y el muchacho sin quererlo miró el cielo y vio el enorme disco plateado. De inmediato sus dientes, garras y vellos crecieron y de su boca salió un alarido. Todos huyeron pero el hombre lobo ya había matado a dos de sus hermanos. El padre tomó la escopeta y para salvar a su familia sacrificó a su hijo Venancio que, ya en el piso y ensangrentado, recobró su forma humana. El padre murió de pena, los hermanos dejaron la casa al casarse y Tomasa quedó repitiendo, a todo el que paraba en su rancho, la triste historia de Venancio, el lobizón.

viernes, 4 de septiembre de 2020

El nombre de mi pueblo - Rosa

Allí estaba, en el altillo, ese cuaderno o montón de hojas atadas con hilo sisal, en una caja marrón entre fotos, cartas y revistas de hojas amarillas que mi papá guardaba y nunca habíamos visto. Eran de su padre, mi abuelo nacido en 1885 en Ituzaingó y alumno de la primitiva Escuela Número 6 que tuvo otros nombres y direcciones diversas. En el cuaderno había cuentas, oraciones, el Cabildo sin mutilar dibujado por hábiles manos y, de pronto, la historia del pueblo, que antes se llamaba Santa Rosa, y la del otro pueblo, el correntino, que le dio nombre al pueblo por la batalla. Y por supuesto, la leyenda. 

Con un café y algunas lágrimas nostalgiosas, comencé a leerla. La historia había sido escrita por el italiano Bernardino Valle, que había llegado al país en 1850 y dedicado al comercio por  los ríos  interiores, en particular por el Paraná. El destino hizo que se enamorara de Luisa y trocara su carrera de marino por la agricultura. En esa época había en el pueblo guaraníes amigables, uno de los cuales le contó la leyenda que dio nombre al lugar. Mi abuelo, Juan José Luque, que ahora tendría 135 años, escribió esto:

                                                             Leyenda de Arami y Katú

Muchos años atrás había dos tribus antagónicas que se disputaban el derecho a la tierra, pero no contaban con el hecho de que la bella Arami y el valiente Katú  de ambas tribus, se enamoraran. Se veían a escondidas en un bosque hasta que fueron descubiertos, castigados y encerrados. Con mensajeros cómplices deciden escapar pero no contaban con que el camino tenía un escollo desconocido. Las familias de ambos jóvenes comenzaron a buscarlos siguiendo el único recorrido posible que finalizaba en un risco alto y escarpado.  Al llegar allí, Arami y Katú se asomaron y notaron que la altura era por lo menos de treinta metros y descendía hasta un terreno seco y pedregoso e  imposible de saltar. Los familiares de los jóvenes, de tribus guaraníes enemistadas, se acercaron pero los enamorados prefirieron la muerte y saltaron. Los dioses estaban de su lado y en el momento de hacerlo una catarata de agua los deslizó milagrosamente hasta una llanura suave. Agua abundante y cantarina que salvó el amor. Los padres decían “Ituzaingó los salvó”, o sea, la catarata . Desde ese momento el pueblo correntino tiene ese nombre. Allí se libró la batalla en que las Provincias Unidas vencieron a tropas brasileñas. Años después, en 1872, se creó nuestro pueblo al que llamaron Santa Rosa y que más adelante se cambió por Ituzaingó, para  honrar a los valientes ganadores de Corrientes.

Todo esto fue escrito por mi abuelo, sin faltas de ortografía.

 

viernes, 28 de agosto de 2020

Damián y la sirena enamorada - Rosa

Un pobre pescador que vivía con su mujer y su hijo, Damián, iba todos los días a pescar puesto que era su forma de sobrevivir. Su mujer se ocupaba de la casa y su único hijo trataba de criar aves y conejos que casi siempre eran el alimento de los zorros.

El pescador no pudo pescar durante varios días lo cual lo sumió en una profunda pena. Al cuarto día emergió del  mar el rey Neptuno, con su  tridente en alto, y le propuso abundante pesca si su hijo se casaba con una de las sirenas llamada Nereida. Si aceptaba debía enviarlo al día siguiente para tratar con él.  Al llegar a su casa, el pescador contó el episodio a su familia y, a pesar de los ruegos de su esposa e hijo, el pescador aceptó el trato del dios de las aguas.

Al día siguiente el joven se acercó a la orilla y de las aguas emergió una bella joven que en realidad era la sirena. Al ver a Damián, se enamoró inmediatamente del muchacho, pero al querer asirlo de la mano, éste huyó. Nereida bajó entonces al reino submarino y quedó muy triste. El joven, mientras tanto, recorrió otras ciudades y tuvo muchas aventuras y trabajos para sobrevivir y juntar algo de dinero para sus padres, tratando de olvidar el bello rostro de la sirena que lo obsesionaba, procurando enamorarse de cuanta joven saliera con él.

Mientras tanto, en el fondo del mar, la sirena languidecía ante la impotencia de Neptuno y demás habitantes del fondo del mar.

Damián decidió regresar con abundante dinero y con la firme decisión de aceptar como esposa a Nereida, en su condición de sirena, y  a la que no había podido olvidar. A su vez, el rey de las aguas al ver que la hermosa sirena no mejoraba, acudió al mago de las profundidades para que convierta a la sirena en una mujer completa. 

En el instante en que Neptuno subió a la superficie con la muchacha, vio llegar, montado a caballo y con las alforjas llenas, a Damián. Ahí se confiesaron su amor y prometieron al dios de las aguas visitar la orilla y llamarlo con el bello canto de Nereida. 

sábado, 22 de agosto de 2020

El zorro y el quirquincho - Rosa

El zorro, astuto y ventajero, quería aprovecharse del quirquincho y de su mansedumbre y le ofreció hacer un negocio juntos: él pondría el terreno y el armadillo su trabajo. Éste aceptó y el zorro le dijo que de lo que sembrara, lo que estaba arriba de la tierra sería suyo y lo de abajo, del quirquincho. Éste, que no tenía una púa de tonto, sembró papas. 

Cuando fue la cosecha el zorro se quedó sin nada. Le propuso, entonces, que de la próxima cosecha lo de abajo sería suyo y lo de arriba del sembrador. Entonces, el quiquincho sembró trigo y el zorro fue nuevamente burlado. 

El quirquincho, que no era rencoroso, le dijo al mal llamado rey de la astucia:

—Tú eres astuto y ambicioso pero yo soy inteligente y negociador. Si siguieses de esta forma el negocio,  el que será rico con las cosechas seré siempre yo. 

El zorro, que de marrón se había puesto rojo de furia, lo interrogó:

—¿Y qué debería haber hecho yo, según tu inteligencia?

—Deberías haberme hecho trabajar, puesto que el terreno era tuyo, y luego repartir las ganancias conmigo sin haberte cansado con la tarea. Los dos nos hubiéramos beneficiado. Te doy un consejo: no seas soberbio y abuses de tu ingenio ni tampoco subestimes a tu oponente.


jueves, 13 de agosto de 2020

Intento nadaísta - Rosa

 Amo y odio

Amo la idea de Dios.

Odio la eternidad.

Amo el amor, el perdón, la caridad de Cristo.

Odio las Cruzadas, la Inquisición, la riqueza de la Iglesia.

Amo la libertad de los hombres.

Odio la injusticia que hacen en su nombre.

Amo la llegada del hombre a la luna.

Odio que no haya ido un poeta que ve otras cosas.

Amo el Caribe que aumenta el amor y la pasión.

Odio la trata de blancas que denigra.

Amo la poesía que se expresa libremente.

Odio los barrotes y censuras que le imponen.

Amo y odio muchas cosas.

Amar y odiar, dicotomía que atormenta y hace crecer.

jueves, 16 de julio de 2020

Intento negrista - Rosa

Añoranzas

Mientras mis manos oscuras
hacen sonar el tambor
mis ojos negros se pierden
mirando al profundo mar.
Canto al hermano africano
al que nunca conocí
y que hace muchos, muchos años
lo arrastraron a mi Cuba
desde Costa de Marfil.
Yo no viví las penurias
que sufrieron los esclavos
en Cuba, Jamaica, Haití….
Los mezclaron con los indios,
gallegos, vascos y más.
Y de esa mezcla de humanos,
Se formó el pueblo cubano.
Sufrieron esclavizados,
con los años liberados
trabajaron y estudiaron
y a pesar de ser alegres,
muchos de ellos como yo,
nos acercamos al mar añorando lo africano.


Fusión, fusión

Tu blanca nieve y mi negro carbón
tus ojos claros, los míos marrón
Tu voz era suave y yo era gritón
Ibas a la iglesia, rezabas sin voz
Mi dios era alegre, cantos y tambor
Fusión, fusión
Mi vida era el campo,
Café, caña, tabaco y dolor
Tus manos bordaban telas de algodón
Fusión , fusión.
Me descubriste en el malecón,
Tus verdes ojos, tu piel sonrojada pedían fusión
El hijo mulato nació de ese amor,
Con ojos claros, la piel marrón

Fusión, fusión.

jueves, 18 de junio de 2020

Intento antropófago - Rosa

PAISAJE

Explosión de verdes.
Árboles voluptuosos.
Monos tranquilos descansan
en sus ramas.
A lo lejos, montañas, lagos
y  las casas perfectas del hombre blanco.
¿Dónde están los indios
que las construyeron?

jueves, 4 de junio de 2020

Intento estridentista - Rosa

CIUDAD

Ciudad, expresión urbana indiferente.
Ciudad, construcción deconstructiva.
Sos hija y madre del desarraigo
y también la Babilonia que conjuga
el supramundo e inframundo
en esa jungla de hormigón armado.
Ciudad, durante el día jadeas con urgencia
en calles atestadas de multitud anónima
y en la noches respiras relajada
escuchando el silencio merecido.
Quizás sueñas con tu génesis de pueblo
puerto, plaza, templo, amigos en las veredas
de sencillas casas bajas .
Con la aurora los rumores te despiertan
y comienzan a levantarse persianas.
Luego los bocinazos y enseguida las alarmas.
El sol se filtra en balcones
y da vida al jardín urbano .
No está muerta la esperanza.

jueves, 28 de mayo de 2020

Intento creacionista - Rosa

Fin y comienzo

Muerte y desolación
lo que parecía
escudo de protección
es el infierno que subió
de las profundidades
con Satanás
queriendo abrazar la Tierra
para fundar su reino
La tierra se desarma
La tierra llora
La tierra sangra
La Tierra se muere
Dios no se rinde
Es su Mundo
Imperfecto pero suyo
Una sobreviviente lo mira suplicante
Dios la ve y le tiende su mano
Todo comenzará nuevamente
Y ella estará en la Sixtina
Gracias al genio de Miguel Ángel

jueves, 14 de mayo de 2020

Intento ultraísta - Rosa

Ocaso

Cielo incendiado
El disco de plata cambia su color
Las aguas se agitan y a la orilla
llegan los peces danzantes
en la pleamar
La arena dorada pierde su color
La alegría deja castillos vacíos,
destruidos por pies presurosos
El amor despierta en las rocas húmedas,
Es la hora sublime del encuentro
Todo se uniforma agua, cielo, médanos…
Sólo ellos, entrelazados por la pasión
no ven llegar la noche,
no sienten frío,
el agua los salpica y no los moja
De pronto la bruma cubre a Selene
y solamente se oye en la noche, el rumor,
el aroma, el fragor de dos almas y dos cuerpos
que se encuentran.

lunes, 4 de mayo de 2020

Greguerías - Rosa

Siete notas musicales inventan miles melodías.
La calesita es un hipódromo sin ganadores.
El tic tac, algunas veces, es música y otras explota.
La “U” es el columpio de las letras
La “P" está embarazada de muchas palabras.
Las cataratas son ríos que se cansaron de estar quietos .
Los ojos son hermanos gemelos que viven juntos y no se conocen.
El cerebro guarda todo tan bien que a veces no encontrás lo que buscás.
La Gioconda se escapó del Louvre y se escondió en la lata de dulce de batata.
Qué visionaria la mamá de Alexandre Eiffel cuando le decía que no jugara tanto con alambrecitos, fierritos .
Invisible, diminuto y poderoso, el Covid 19 igualó lo que no pudo el hombre, negros, blancos, pobres, ricos , ateos, religiosos.

La narrativa de Faulkner y Hemingway (similitudes y diferencias)

Ernest Hemingway, autor de "Colinas como elefantes blancos" y Adiós a las armas , y William Faulkner, autor de "Una rosa para...